No sé con quién hablar hoy y no sabía con quién hablar ayer cuando llegué de Ovalle
Por eso me voy a poner a escribir, porque no sé a quién decirle estas cosas, porque me volví a aislar y sobre todo porque sé que hablarlo no me va a solucionar nada... de qué sirve contarle tus problemas a una persona si aunque te de un consejo quizás no lo sigas nunca y solo le habrás quitado tiempo y paciencia... me he estado sintiendo nuevamente mal desde hace un tiempo pero en silencio, porque he seguido con la “normalidad” de mi vida pero por dentro, estoy lejos...
Ayer fui a tatuar a Ovalle a uno de los hijos de mi papá, ósea un hermano. Él siempre se acercó por cuenta propia a mí. Me contó que la está pasando medio mal con su esposa porque se engañaron mutuamente pero ella no quiere divorciarse y esas cosa... llevan 25 años juntos y nunca ha sido suficiente para aprender a comunicarse. Además la siente distinta, con menos paciencia y más arrogante y orgullosa, con peores tratos... nunca había ido para allá, que es el terreno de mi papá. Es una parcela grande con dos casas y una piscina de las más gigantes pero de plástico/lona. Tiene tomates, parras, higuera, espinaca, laurel, limones y un palto... tiene a una perra que se llama Samanta. ¿Cómo hubiese sido mi vida si mi papá me hubiese recibido los fines de semana? ¿Los veranos los ocuparía en ir a bañarse a la piscina en el terreno de mi papá e invitar a algún amigo o alguna amiga? ¿Me habría aceptado ayudarle a plantas los tomates como ayude a mi mamá a plantar la enredadera? ¿Cómo me hubiese caído su esposa? Mi papá nunca me había visto tatuando.
Cuando me voy, me voy atrás de la camioneta de mi hermano, en un colchón. Antes de irme me despido de mi papá con un abrazo poniéndole una sonrisa que no sé de dónde saco. A penas partimos le digo a mi hermano que me iré durmiendo y a mi sobrina que no me hable para dormir tranquila. Pero en silencio me pongo a llorar y lloro todo el camino desde La Serena n Ovalle, un poco con los ojos recién abiertos, un poco dándome cuenta del abandono y de todo lo que no me dio mi padre pero sí le dio a los otros hermanos. Ahí me di cuenta que soy aparte, muy aparte, esa parte de a veces. Y lloré por eso sin saber qué decirle a alguien si es que me pillaba llorando. Cuando llegué a mi casa en Coquimbo, mi mamá me vio la cara de pena, me interrogó sin cansancio pero yo le dije que todo estaba bien y que sólo estaba agotada por las cinco horas tatuando. ¿A quién le diré esto, quién me va a querer escuchar para tener esa palabra que me de un alivio si ni yo la tengo? Siempre decido ignorar este tema y por eso creo que lo escribo.
Estos días he andado triste, decepcionada, sintiendo que lo he dado todo y que no sé qué más dar para sentirme parte de la satisfacción de alguien. De nuevo, como es de costumbre, pienso en el suicidio. ¿Pero a quién le voy a decir que me quiero suicidar sin que comience el juicio o el rogarme que no lo haga? Si al final, no lo haré, no mientras mi madre siga viva. Por eso no le digo a nadie que lo llevo dentro. ¿De qué sirve conversar?
Por otra parte mis sentimientos por mis relaciones también están agotados, a veces no quiero seguir luchando contra nadie porque eso me transforma en un estorbo, y sé que aunque entregue y pida, las cosas poco cambian... siento potentemente que no sirve quejarme porque siempre es lo mismo, y que tiene poco sentido
Creo que esto se llama desgano, no he logrado salir del estado de la pena, pero he fingido estar piola
Y aún así da igual
Esto no lo lee nadie
Y esto no le interesa a nadie
Por más que tenga una leve esperanza dentro todos los días desde entonces me levanto con la sensación de que la esperanza no existe más
lunes, 6 de enero de 2020
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