viernes, 4 de octubre de 2019

everybody's gonna learn sometimes

La lección de ayer fue que quizás aprendí con el paso de los días a tomar las cosas como ya éstas se quieran dar. Realmente no puedo hacer nada más en este planeta que resignarme y hacerme cargo de mis propios sentimientos, unas pastillas no van a cambiar mi modo de pensar o de razonar respecto al mundo, al final sólo harán que me calme de forma hormonal el llanto, y la verdad también quiero ser agradecida por eso. Ayer al ingerirlas, sentía una presencia en el cuerpo de algo que me había bloqueado la llave de paso al llanto. Ayer no podía llorar, no estaba desesperada, no me salí de control y fue increíble notar lo real del cambio tras una sola píldora. Después de tomarla en la mesa me empezaron a tirar tallas/reclamos que una yo sin píldora hubiese tomado pésimo, se hubiese sentido muy mal, hubiese llorado, me hubiese parado y al llegar a la puerta de la pieza hubiese pegado un portazo. En cambio respondí bien, no me puse a llorar, NO GRITÉ, pero sentía que era porque no podía hacerlo, porque no sentía ese fuego interno emocional. Mis movimientos eran lentos, mis emociones eran las mismas pero sin la misma intensidad potente. Fue como si el mar agitado tratara de tomar de la mejor manera el petróleo, como si se concentrara en resguardar a los peces en lugar de crear un tsunami. Ayer me sentí la pena primero y la rabia... la rabia no estaba en el cuerpo. Era una pena calma, como un llanto que hace crecer plantas y no un llanto que hace que la tierra se convierta en lodo. Dicen que esos síntomas se sienten con el paso del día, pero mi labilidad es tan alta que me funcionó altiro. 

¿Lo malo? me intoxiqué, reaccionó mal mi cuerpo, vomité hasta las cinco de la mañana, la sudoración era excesiva porque me sudaban las manos y a mi jamás me sudan las manos, no son una fuente de sudor para mí, me sentía ahogada, con los niveles de ansiedad muy altos. Recuerdo que cuando me tripiaba era ese sentir inicial, el sentir de la ansiedad, de unas ganas enormes de sentir corriendo. Mi mamá vino a mí y me dijo "cálmese hija, no se ponga a llorar" pero yo estaba completamente calmada en ese sentido, era como si sintiera la emoción en un nivel normal y no extrema, aunque lo haya escrito más arriba, me dejó impactada. Hace muchísimo tiempo no sentía que las cosas no me calaban de modo normal, claro que todo me daba lata y rabia y pena y paja, pero no era explosivo, no era desbordante, no era magnánimo, no me sentía un volcán culpando al mundo y culpándose a sí misma. No sentí ganas de querer morir ni que fuese un estorbo, no me quejé de mí misma sino de la composición de las píldoras, de la negligencia de la doctora, sólo sentí la necesidad de hacer bien las cosas, y de que las cosas también me hicieran bien a mí. Era lo que esperaba, no sentí querer morirme, no sentí ganas de gritar, no sentí ganas dentro de todo el caos y malestar de decirle a la persona que me ofreciera ayuda que se callara y decírselo con gritos. Sólo estaba muy clara de lo que me sucedía era una reacción corporal y no emocional. No fue una crisis de pánico, fue una reacción de rechazo biológica. 


También hablé con el matias, la verdad no pensé mucho en por qué le hablé, sólo lo hice y al final resultó ser un aporte. No sé qué sentí, no me lo voy a cuestionar, no voy a hacerlo un mar de lágrimas. No lo merezco.

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