miércoles, 11 de septiembre de 2019

La reflexión

Hoy, como he visto en todos lados, es el día 'mundial' de la prevención del suicidio. La escena del suicidio para mí es bastante delicada, no porque lo haya pensando solamente, sino más bien por haberlo intentado y sin que nadie se enterara. Creo que escuché tantas veces que tenía que dejar de llorar o que mis problemas eran por hipersensibilidad que ya no sé cómo pedir ayuda, de verdad no sé hacerlo, hoy en el auto con mi mamá estuve a punto de decirle que necesitaba ir al psicólogo porque en secreto llevo esto cargado conmigo todos los días. Ella no sabe que lloro sin control todos los días porque estamos muy poco rato juntas y la mayor parte del tiempo estoy sola, yo creo que lo sospecha, pero ya lo considera normal. A veces incluso siento que rechaza el tema, y que sólo me dirá que tengo que estar tranquila. Muchos de los recuerdos con ella gestaron mi depresión, una vez me dijo "por qué no te matas de una y nos dejai tranquilos". Sé que probablemente no lo dijo en serio sino por tener que lidiar con una niña problemática. La verdad creo que me lo merecía... Además, vivir sola en Valparaíso hace que pueda esconder mucho más mi situación actual, que volvió a los 21 años, justo como me dijeron que sería. Creo que he escuchado tantas veces que actúo por ser 'pendeja cabra chica' que lo único que puedo lograr sentir es que en realidad no necesito ayuda sino madurar. Pero es que a veces me encuentro razonable, inteligente, pero aún así la pena y el vacío interno, la ansiedad, no se va. Y cualquier cosa por muy mínima que sea puede desatar un agujero en mí tan profundo que llego a ser violenta, y a querer morirme. A veces he deseado que otras personas se mueran. Ayer estaba con los ojos vidriosos a cada rato, no pude comer bien porque nada de lo que me echaba a la boca, otra vez, me llenaba. Era comer sin sentir ningún sabor, con ansiedad, a penas podía masticar, tragar o respirar.

 Lo fuerte del suicidio, es que era pequeña y mis métodos eran cobardes: cortarme, tratar de tirarme por un balcón o pegarme tantas veces en la cabeza para quedar "con un tick cerrado" y entrar en "coma" (porque así razonaba una menor de trece empastillada). Pero ya no soy esa y ahora el suicidio sólo se resume a una ganas intensas de querer morir, pero tengo mis limitaciones para proceder a algo más físico. Siempre me 'amenazo' con el tema de matarme, pero nunca lo 'concreto' ni tampoco me corto porque dentro de mí, quien me incita a hacer y pensar en todo eso, no tiene el suficiente valor. Cuando esto pasa solamente empiezo a disociar y lo único que puedo decir es "ándate, vete, déjame tranquila, no estés aquí, basta, para, contrólate, no es real, no hay nadie allá, sólo estás tú y tú mandas". Y la verdad es que no logro controlarlo, sólo se va cinco minuto y vuelve cinco minutos después.  Vivo con unas ganas de morir intermitentes e intensas y he estado cerca de la muerte por temas de salud. Cuando he estado cerca, tengo mucho miedo y digo que si voy a morir que por favor no sea con dolor. Creo que me duele mucho saber que mi muerte haría mierda a mi mamá. Tengo un lazo afectivo con ella muy fuerte a pesar de que haya sido quien me agredió y traumó y abandonó. Siempre la veo con miedo a que me pase algo y con culpa de haberme dejado tan de lado, ahora que estoy más grande, me ha puesto más restricciones para vivir. Me es más difícil comunicarme con ella porque, siempre tiene miedo de lo que yo pueda hacerme a mí misma. Estando sola en Valparaíso siempre me dice que si me siento muy mal conmigo misma ella se irá a vivir conmigo y me cuidará. Pero siento que eso no es lo que necesito realmente, y que es peor decirle algo porque vivirá con la agonía de saber que estoy sufriendo todos los días. Todos los días estoy sufriendo, realmente no hay ningún día en el que no haya llorado. Y eso que a veces los días están llenos de noticias buenas, pero basta un sólo comentario o un solo pensamiento para desmoronarme aunque sean cinco minutos.


De todas formas me encuentro tranquila porque las personas que ahora saben que estoy hundiéndome en el agujero todos los días, me lo han aceptado. La verdad esa que me di cuenta de que tengo algo muy fuerte que afrontar y enfrentar. No sé cómo se lo diré a mi mamá, quiero estar segura. Pero esto requiere de una necesidad de afrontar la situación con un impulso que no quiero dejar pasar. La gente a mi alrededor me tiene que cuidar, entender y acoger.

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