domingo, 1 de septiembre de 2019

Negro ahumado



Simón:
Te escribo porque recurro a tu recuerdo para sentirme capaz de seguir callando. Tú siempre eres una compañía silenciosa y serena, como esta ciudad que pronto va a arder. Quisiera contarte que mis días no van bien; hoy soy un hombre desgastado con ganas de nacer otra vez. María me dejó sus cigarros y partió, sin decirme nada. Creo que dejó su cajetilla porque sabía que su ausencia me generaría ésta ansiedad nocturna. Llevo noches sin dormir, y no precisamente por sufrir; la realidad es que estoy mutando con el tiempo, ya éstas suelas se aburrieron del asfalto común, y he pensado en migrar de éstas paredes. Simón, voy a irme.
Luego de toda una vida en éste sector, luego de tener mis primeros amores y dolores en ésta pocilga, me marcharé en busca de mí mismo. He leído un libro, he leído leído Sidharta, y como sabrás ya, tengo esa obsesión por Hesse que me hace fundir en cada personaje. Pues antes fui un lobo estepario, asechando a mis víctimas y adentrándolas en mi eterna soledad, que no calma, que no se va, que no es estática porque no soy estático. Y entonces ahora, soy Sidharta. Debo partir. Me he perdido, estoy fuera de mi pecho, no sé de qué vientre he llegado ni a qué ojos he mirado. No sé si he amado, no sé si he querido tanto como he manifestado. No sé si estoy siendo un ser real, o simplemente un cordel más atado a un puente. No sé si soy vida o soy parte de la muerte. No sé si los días significan uno más o uno menos, no sé si todo lo que se ha ido ha vuelto a venir. He volteado los cuadros de las paredes. Jim y Cobain están de cabeza, los ojos de acuarela miran al revés, colgué los cuerpos fragmentados y envueltos en color, en el techo. Arreglé la luz y ahora no estoy a oscuras todo el tiempo. Mis pupilas viven dilatadas y mis ojos achinados. He vuelto a beber alcohol, he vuelto a comer carne. No soy ni un tercio de lo que fui antes. Y sin embargo, aunque me quiera sentir mal, estoy constantemente pensando que todo lo que va pasando es porque tiene que pasar. Ahora mis actos ya no son tan válidos como antes, ahora ya no pretendo controlar todo. Ahora quiero practicar el desapego, que nada me posea. El teléfono me posee, porque en él podría encontrar a María, así que he pensando en romperlo, pero sería un acto inútil. Comenzaré a apagarlo y prenderlo cuando simplemente lo necesite. Esta sociedad es una calumnia en crecimiento y yo soy parte de ella. Ya no más, por favor. Todos los seres humanos sabemos que somos la mayor plaga; algunos se lo toman con humor, otros prefieren suicidarse (los más pasionales, nihilistas y fatalistas, como yo, por ejemplo), otros son optimistas y perseverantes, otros hippies, otros no creen en nada y otros están al borde del lavado mental de una doctrina oficial. Pero al final todos somos lo mismo. Un parásito que desarrolló su cerebro comiendo parásitos de un supuesto rango menor. Un parásito que erguido pudo activar más sus neurotransmisores, y crear. Un parásito con neuronas, pensante. Pero al fin y al cabo, en el trasfondo de todo; un parásito. Una plaga. 
Simón, ya no me importa casi nada. Y lo digo con temor, puesto que por tomar ésta actitud de rechazo al mundo me pasan cosas malas. Como lo de María, como lo tuyo. Quisiera que volvieras, Simón, quisiera que estuvieras conmigo, María. 

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